Antes de la boda
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Consejos para dejar los miedos antes de la boda

El matrimonio es un momento único para toda persona y, dejando de lado la celebración, supone un acontecimiento que cambiará en cierto modo la forma de vida que los contrayentes mantenían hasta ese momento, supone responsabilidad y compromiso.

Por estos y más motivos, resulta muy habitual que tanto las novias como los novios sientan nervios, estrés, preocupación y miedo en los días previos al enlace. No hay que alterarse por ello, pues es algo completamente natural.

No huyas de las dudas, son normales al dar un paso tan importante

En primer lugar, no hay que olvidar que ante un gran cambio siempre se tiende a dudar. Incluso ante las decisiones más meditadas y sopesadas, por muy convencido que se esté del siguiente paso, el miedo y la duda irremediablemente aparecerán cuando el momento de la verdad se aproxime.

En este sentido, hay que centrarse en aquellas sensaciones y pensamientos por los que se tomó la determinación, en este caso, de casarse. Es importante pensar en positivo y relajarse, un motivo por el que suele ser recomendable idear planes tranquilos y refrescantes durante las semanas previas a la boda.

A veces puede suceder que aflore la duda de si se está o no preparado para el matrimonio, si acaso es muy pronto o resulta precipitado, pero no son más que inseguridades. Los veintisiete, los treinta y cinco o los veintitrés, no existe una edad idónea para dar el paso, eso es algo que siempre dependerá de cada pareja y, en especial, de cada persona. Por lo que el buen momento será el que se elija, y no será ni demasiado pronto ni demasiado tarde.

Confía en tu pareja y no tengas presión extra

Otro de los miedos más habituales tiene que ver con la pareja en sí, si esta nueva etapa cambiará la relación, si ya no será lo mismo y, incluso, si el matrimonio no funcionará o no saldrá bien.

No es posible adivinar el futuro, pero, por norma general, una relación no tiene por qué verse afectada por esto. Al fin y al cabo, si se piensa fríamente, es casi un mero trámite legal, ya que las personas que forman la pareja seguirán siendo las mismas y así sucederá con sus planes en común y sus ideas de futuro.

Quizás los meses previos y los posteriores al enlace sean algo ajetreados, después de todo, en ellos tiene lugar la organización y planificación de la ceremonia, el banquete y la luna de miel. Pero una vez haya pasado, todo regresará a la normalidad y simplemente se iniciará una nueva etapa repleta de posibilidades.

No obstante, puede que los miedos se enfoquen al evento en sí mismo, al hecho de que algo pueda salir mal durante la ceremonia. Una vez más, son preocupaciones habituales fruto de los nervios y el cansancio acumulados durante meses de trabajo para que todo esté perfecto. Lo más probable es que, llegado el día, todo transcurra tal y como se ideó.

De modo que no hay por qué desperdiciar esfuerzos en unas preocupaciones que rápidamente desaparecerán por sí misma cuando el gran día llegue.

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