¿Invitamos a los compañeros de trabajo a la boda?

La boda es un momento muy especial e íntimo para cualquier pareja de novios que deciden dar semejante paso. Básicamente, es nuestro día, en el cual no se nos debería imponer nada que no deseemos. Pero, antes de ello, siempre es necesario tomar una serie de decisiones, algunas más fáciles que otras.

Elegir un buen vestido, el lugar del banquete o el menú son cosas que no hay que pasar por alto, pero, probablemente la decisión más difícil se halle en “a quién invitar y a quién no”. Este punto se puede complicar por varias razones: en primer lugar, está el hecho de tener una vida familiar complicada y no llevarse bien con todos. Por su parte, también puede resultar difícil escoger solo a algunos de nuestros amigos y familiares ante la imposibilidad de invitar a todos los que se desearía debido a los costes que supondría.

Ante esta perspectiva, una decisión que suele ser muy difícil es: ¿debería invitar o no a mis compañeros de trabajo y jefes a la boda?

¿Por qué es una decisión difícil?

Hay un cúmulo de factores que influyen en el hecho de invitar o no a los compañeros de trabajo a nuestra boda. Algunos de estos pueden ser:

  • Ser nuevo en el trabajo: puede considerarse un símbolo de fraternidad y de empezar con buena voluntad, pero también puede resultar impertinente, ya que se trata de personas que apenas conocemos. Rechazar una invitación a la boda no es una manera agradable de empezar una relación laboral.
  • No llevarnos bien con nuestros compañeros: el hecho de pasarlos por alto y no invitarles puede considerarse como algo que amargue más las relaciones.
  • Llevarnos bien con todos, pero no poder invitarlos en su totalidad: No importa cuál sea el motivo, pasar por alto a uno o a otro siempre puede ser desagradable.

¿Qué hacer?

Ante todo, nunca debemos olvidar algo: la decisión es exclusivamente nuestra y nadie puede presionarnos para invitar a unos u otros si no queremos.

Una posibilidad es que se desee mantener la relación laboral en la estricta profesionalidad, por lo cual se prefiera no invitar a los compañeros de trabajo a la boda. Además hay que decir que si somos excesivamente fiesteros, quizás no queramos que vean esa faceta nuestra en un entorno donde debemos mantener una imagen adecuada.

Ello no implica que haya que dejarlos totalmente de lado: llevar recuerdos de la boda, regalos u otros detalles pueden ser una opción que nos permita quedar bien y evitar momentos incómodos.

Si se desea tomar el camino más arriesgado e invitar a unos sí y a otros no, lo mejor que se puede hacer es hablarlo en un ambiente de confianza y transmitirles lo que sentís. Seguro que lo entienden y se comportan de una forma empática.

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